Noche 

Se ahoga en los suspiros 

de quienes se rehúsan a desaparecer.

Huele la muerte lenta de los invisibles

que no terminan de irse.

Nace después de las voces,

las almas se confunden en su inmensidad.

Los espejos están vacíos

y hay letras ilegibles sobre mármoles.

Noche, 

amante muda de los sin nombre.



Libertad 

Arrasa,

borra fronteras, 

siempre en su nombre,

enarbolando sus alas como bandera.

con la vehemencia del viento

no pide permiso.

Nace de lo muerto,

del ángel desobediente,

de la esperanza famélica,

de las llamas de los simientes del cementerio 

fagocitada por el hambre de la soledad. 



Mi muerte


Que en la hora del sol tibio

cuando las voces se apaguen

y haya naufragado infinitos mares,

los destellos de algún faro

pestañeando sus luces

me indiquen el camino.

Que tu voz, único testigo,

en el cisma del día

sea la discreta revelación

en el momento cuando se quiebre mi vida.

Que no haya flores,

sólo embriagadoras esencias

de las que habitan la memoria.

Que la piel, ya un frío manto,

cubra historias y huellas

al fin apócrifas.                             

Que mi nombre quede grabado

en el interior de la tierra

y tal vez, algunos,

lo conserven en su médula.

Que al recordarme dibujen

una sonrisa de luna llena

y al flotar en el limbo

mute a sutiles palabras,

a música y poesía,

sin materia, sin peso,

sola y desnuda el alma.




Soy


Yo soy la sangre que tiñe mis versos. 

Yo soy versos de sangre, 

tinta roja surca la caligrafía cincelando cada letra.

Pulsos de una herida latente que no mata pero tampoco muere.

Cada sístole y diástole 

acompañan la cadencia de mis dedos sujetando la pluma sobre el papel,

En el el eco de esos latidos

soy poesía encarnada que nunca morirá.


MUJERES


Mujeres, 

laten al ritmo de la luna 

como las mareas, 

danzan alrededor de la hoguera 

atemperando la sangre 

mientras trabajan con sus manos 

y alzan sus banderas, 

ríen con el estómago hasta los huesos 

despeinadas y cómplices 

sin importar el espejo, 

crean vida entre sus venas 

y otras almas caben en su cuerpo 

aún sin dar a luz, siempre gestan, 

cubren el horizonte 

con sus alas de fuego 

encendidas por la desigualdad, 

aunque quede muy lejos el cielo, 

nacen completas 

pero su humanidad puede dividirse 

y multiplicarse 

y siguen siendo inmensas. 

Quiero ser al menos, 

una de ellas.